Hace unas semanas rescaté un par de gatos abandonados. Aún siendo muy pequeños, chillaban con tanta energía, que me fue imposible ignoralos. Para colmo de males, los habían metido dentro del latón de la basura, con la “idea” de que la basura posterior le diera fin al asunto, o en cualquier caso, la prensa del camión recolector. Por lo tanto, para poder llegar a ellos, tuve que “bucear” un poco.
Eran tan, tan pequeños, que todavía no habían abierto los ojos. Estos pequeños bichos los abren a alrededor de los 11 días, por lo que se podía pensar que no tenían ni una semana de nacidos. Coño, ¿qué difícil es esperar a que la gata madre los “destete”? Porque ella misma es la que los comienza a alejar; pues al crecerles los dientes a los mininos, a ella le molesta más dar la teta, y llega el momento en que no hay quien le saque otra gota más. Pero los dientes grandes es señal de que pueden comer otra cosa además de la leche de la madre, por lo que cuando esta comienza a alejarlos, es cuando es seguro darles camino y que sobrevivan.
Y hay que darles camino, pero no es lo mismo a los días de nacido que con unos meses. He vivido con gatos desde finales de la primaria y he presenciado y ayudado en varios partos de estos bichos. Una vez que crecen fuertes, son capaces de sobrevivir en muchos ambientes urbanos, cerca de comedores y otros lugares donde se deseche comida. Y además, cazan, que muchas veces me he encontrado gorriones dentro de la casa, luego de seguir el rastro de plumas.
Pero bueno, entonces tocaba atender al par de gatitos. Por suerte, cuento con la ayuda de mi mamá (y ella es la que ha rescatado más gatos que yo, y puede que le gusten más que a mí) que es la que los atendió cuando yo no podía. Ella les preparó una “cuna”, con varios trapos para costura que tenía mi hermana mayor guardados en un nylon, acomodándolos en una caja de cartón. A esa edad (la de los gatos, no la de mi mamá, que es vieja, dicho sea de paso) no tienen dientes por lo que los alimentaba con leche en polvo un poco aguada, dándosela con una cucharita, pues no tenía ni gotero, ni biberón ni nada por el estilo. Tenía que agarrar al pobre bicho con una mano y con la cucharilla en la otra, tratar de apuntar a la boca del bicho, pero no meterle la cuchara por la boquita, sino presentársela en los labios e irla inclinando para que la leche bajara sola y el gato se diera cuenta de que le tocaba a él abrir la jaiba y tragar. Empujarles la cuchara los asusta, y es lógico, imagínate una cuchara del tamaño de tu cabeza, queriendo entrar por tu boca… horror movie…
Pasábamos trabajo alimentándolos, dado los métodos no naturales que usábamos, y se formaba buena cagazao pues una buena parte del preciado líquido (la leche) alcanzaba el piso. Pero es gratificante de cierta manera el oír el chupeteo del minino tragando y tragando, hasta que se llenen. Es verdad que no hay sustituto para la leche materna, pero uno no está preparado siempre para atender primeros auxilios de gatos extraviados.
Abrieron los ojos unos días después, y lo que podían ver (si lo podían ver) eran los confines de la caja, y de vez en cuando, las manos y la cara de mi madre y las mía propia. Hacer que se durmieran era todo un desafío, pues, al terminar de darles la leche, por el embarrotillo que se formaba, terminaban bastante húmedos. A veces teníamos que darles una pequeña lavada con agua para que no se les secara esa leche arriba. Y el problema con la humedad es que sienten mucho frío, pues su temperatura corporal es más alta que la nuestra, (~38°C) y por lo tanto, el ambiente les parece más frío, y la humedad acentúa la sensación. Por eso, para dormirlos, los ponía en su “cuna” y los cubría completamente con mis manos para que sintieran el calor de ellas. Ahí estaba un rato, acurrucándolos y no dejándolos salir fuera del “invernadero”. Sólo faltaba la canción de cuna y que la Calabacita les diera su toque mágico. Al rato se dormían, enredándose entre ellos, dándose calor mutuamente. Y luego avisar a todos en la casa de que los gatos se habían dormido y que no se podía hacer ruido.
Es muy divertido verlos cuando empiezan a caminar. Por esos días tienen las patitas muy débiles, pero les sobra voluntad (o ganas, agallas, cojones, como le quieras llamar) de querer caminar y saltarse los muros de la caja. Pero poco a poco esa voluntad hace que se les fortalezcan las patas. Luego es más difícil retenerlos en el lugar y la caja no era suficiente. De tanto colgarse de un lado de la caja, una de las esquinas se abrió, y podían salir libremente. Es cuando empiezan a “explorar”. Se quedan inmóviles a menos de un metro de la caja de donde salieron con tanto afán. Inmóviles en el sentido figurado, pues todavía el cuerpo les bambolea por sus débiles patitas. Y lo miran a uno por alla arriba, como preguntándose “¿Y esta cosa grande de dónde salió?”.
Como todavía son muy pequeños, el piso les parece extremadamente frío. Y aprendieron a identificar los pies, para posarse sobre ellos y calentarse las patitas. Es normal
Luego llega la etapa del retozo, o el comienzo de este. Cuando les da por morder al hermano, sólo porque estaba ahí. A cada rato se dan una serie de mordiscos mutuos, pero en cámara lenta. La cual se va acelerando mientras crecen. A medida que crecen, cada vez es más divertido verlos retozar y hacer las acrobacias más cómicas, perfectas para ser filmadas.
Desafortunadamente, uno de ellos no alcanzó a vivir esa etapa. El pobre bicho amaneció muerto días después. Nunca supimos la causa exacta, pero las probabilidades de que un gato prácticamente recién racién nacido sobreviva sin la madre, no son muchas.
El otro enfermó de la piel, pero era solamente porque no tenía quién lo lamiera. Como los perros, los gatos pierden y regeneran pelo, y ese ciclo constante de pérdida y crecimiento evita que la suciedad llegue a la piel de estos animales. Pero los gatos tienen que desprenderse del pelo por sí solos, y por eso es que se lamen constantemente. Un gato pequeño depende de su madre para esto, y no era el caso de mi pobre bicho. Se le empezó a caer el pelo desde la parte de abajo de la mandíbula, el cuello, hasta todo el vientre. Entonces teníamos que limpiarlo bien una vez al día con agua y una gasa, para que perdiera poco a poco el pelo muerto y quedara limpio. Poco a poco se recuperó y volvió a tener pelo en todo el cuerpecito.




(http://wakoopa
oye, me voy a volver una habitual, me diste por la vena del gusto!! con lo que me gustan a mi esos bichitos!!! estan preciosos, sigue subiendo cosas. tkm, no pierdas las rayas, tigre.
my hero!!!! voy a abrir un foro para debatir sobre esos antisociales que botan animalitos a la calle
Mi comentario iba a ser “My Hero!” pero se me adelantaron. De todas formas: My Hero!
Sobre las fotos… la primera puede ser cuestionada…
y… ven aca… el gato le hace justicia al nombre?????
Qué nombre???
¡Por cosas como esas, Armando, eres mi amigo! No somos muchos, pero en algún momento seremos suficientes para emprender la verdadera lucha. Esa que va más allá del ser social … esa que hará de nuestro mundo un lugar digno de las personas que lo habiten.
$@lu² |)3l |\/|4n1Gü3r0 !
@Luilver: Asere, no sé que decir… yo sólo recogí un par de gatitos…
… Conozco hombres que son más humanos que una pila de presidentes. Aldo Rodríguez (Aldeano)